﻿{"id":4609,"date":"2014-03-10T16:55:52","date_gmt":"2014-03-10T14:55:52","guid":{"rendered":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/?p=4609"},"modified":"2015-08-19T00:51:33","modified_gmt":"2015-08-18T22:51:33","slug":"un-choc-mythique-dune-una-force-prodigieuse-arrabal-dali-picasso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/2014\/03\/10\/4609\/un-choc-mythique-dune-una-force-prodigieuse-arrabal-dali-picasso\/","title":{"rendered":"\u00ab\u00a0Un choc mythique d&rsquo;une una force prodigieuse\u00a0\u00bb Arrabal-Dali-Picasso"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Arrabal au Teatro Espa\u00f1ol de Madrid<\/p>\n<p>\u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d, de Fernando Arrabal<br \/>\nRafael Fuentes<br \/>\nTras un largo silencio, Fernando Arrabal vuelve a los escenarios, situ\u00e1ndose en el centro de la convulsa vida espa\u00f1ola del siglo XXI desde su atalaya parisina. Reviviendo a sus adorados y desmitificados Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, nos advierte sobre el riesgo que pesa sobre nuestros hombros de resucitar el viejo cainismo espa\u00f1ol que hace d\u00e9cadas d\u00e1bamos por liquidado.<\/p>\n<p>Hasta hace pocas fechas, a Fernando Arrabal se le catalogaba como un dramaturgo del siglo XX, un genial autor ya confinado en la pasada centuria y estrechamente vinculado a una Espa\u00f1a tr\u00e1gica felizmente superada. El reciente estreno de \u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d nos lo devuelve repentinamente inserto en el siglo XXI, m\u00e1s depurado, igual de brillante, menos barroco, mucho m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo y de la eficacia de ese teatro de la crueldad que parec\u00eda haber exprimido ya todas sus posibilidades y que, sin embargo, nos ofrece nuevas versiones inesperadas, desconocidos frutos sorprendentes que extraen de la mitolog\u00eda espa\u00f1ola otra luz alucinada con que inspeccionar la Espa\u00f1a de hoy. Una mitolog\u00eda hispana aparentemente laica y cercana en el tiempo, como son las figuras de los pintores Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, aunque cargadas, en el fondo, de resonancias ancestrales y significados universales. Ambos movilizan masas, despiertan tanto una adoraci\u00f3n fan\u00e1tica como desprecios viscerales, tocan fibras muy profundas de admiradores y detractores, adquieren proporciones legendarias m\u00e1s all\u00e1 de cualquier racionalidad, aproxim\u00e1ndose m\u00e1s al impulso propio de una devoci\u00f3n profana. Fernando Arrabal ha situado a estas dos leyendas seglares frente a frente en el escenario, en una confrontaci\u00f3n que arranca en lo anecd\u00f3tico y se eleva gradualmente hasta un choque m\u00edtico provisto de una fuerza portentosa. \u00bfQui\u00e9n si no Arrabal podr\u00eda orquestar la tremenda energ\u00eda que se desprende de ese encuentro de alto voltaje, sin que ambas criaturas se abrasen o escapen a su control?<\/p>\n<p>El litigio de Salvador Dal\u00ed con Pablo Picasso, en su estudio parisino, no se atiene a la l\u00f3gica estricta de los acontecimientos biogr\u00e1ficos, sino a una din\u00e1mica a\u00fan m\u00e1s aut\u00e9ntica que subyace al dato hist\u00f3rico. Como es sabido, fue una comisi\u00f3n de la II Rep\u00fablica, formada por los escritores Juan Larrea, Max Aub y Jos\u00e9 Bergam\u00edn, entre otros, la que solicit\u00f3 a Picasso un lienzo para el pabell\u00f3n espa\u00f1ol de la Exposici\u00f3n Internacional de Par\u00eds a favor del bando republicano durante la Guerra Civil, dando lugar al que ser\u00eda su c\u00e9lebre \u201cGuernica\u201d. Arrabal decide ahora que sea Salvador Dal\u00ed quien se presente en el domicilio de Picasso para pedirle que trace un cuadro sobre la furiosa contienda fratricida que arrasa Espa\u00f1a, y trate de vencer la resistencia del pintor malague\u00f1o a abordar una obra art\u00edstica de naturaleza pol\u00edtica. Si la pieza de Arrabal trastoca los detalles hist\u00f3ricos es porque se ajusta m\u00e1s al proceso a trav\u00e9s del cual los pintores se van haciendo cargo del cainismo cerril de la guerra que se expande por la Pen\u00ednsula, vi\u00e9ndola desde los lejanos ojos de dos creadores hasta ese entonces m\u00e1s atentos a las vicisitudes de la distante bohemia de Par\u00eds. El coraz\u00f3n de Dal\u00ed ya ha sido tocado por la conmoci\u00f3n de la violencia delirante desatada en su pa\u00eds y la ha plasmado en su cuadro \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d, hoy en el Philadelphia Museum of Art de Estados Unidos. Dal\u00ed reivindica egoc\u00e9ntricamente haber sido el primero en intuir la tragedia colectiva pero al mismo tiempo siente la inaplazable necesidad de convencer a su colega m\u00e1s c\u00e9lebre, Picasso, de la urgencia de asumir esos sucesos dentro de su obra pict\u00f3rica.<\/p>\n<p>La presencia de Dal\u00ed no es caprichosa. Incierta hist\u00f3ricamente, resulta radicalmente ver\u00eddica en t\u00e9rminos emocionales. Pablo Picasso, envuelto en el halago de la fama y el entorno er\u00f3tico formado por su esposa Olga y sus amantes Marie-Th\u00e9r\u00e8se y Dora Maar, rechaza con cajas destempladas involucrarse en un asunto tan sangriento, desautorizando, a su vez, al movimiento surrealista y en particular la pintura psicoanal\u00edtica, para \u00e9l inaceptable, de Salvador Dal\u00ed. La discrepancia se hace mutua, la descalificaci\u00f3n que uno realiza de la obra del otro se vuelve despiadada, pasando de la est\u00e9tica a la reprobaci\u00f3n pol\u00edtica y de ah\u00ed a exacerbadas invectivas contra sus rec\u00edprocas intenciones, cuya escalada desemboca en un virulento ritual tan delirante como el que enfrenta a sangre y fuego a los ej\u00e9rcitos que luchan en tierras espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>Para entender la naturaleza de ese singular cainismo entre dos personajes que se admiran profundamente y que, sin embargo, reproducen a peque\u00f1a escala el fratricidio a gran escala de su naci\u00f3n, habr\u00eda que tener con claridad en mente \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d de Salvador Dal\u00ed. El director del montaje, Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente, se asegura de ello haciendo pasar una reproducci\u00f3n del lienzo por detr\u00e1s de los dos egregios combatientes. Recordemos que la tela de Dal\u00ed presenta un monstruoso cuerpo humano donde las piernas y los brazos se encargan de autodesgarrarse. La cabeza que se alza hacia el cielo con una mueca del esfuerzo salvaje de autodestrucci\u00f3n, con las nervaturas del cuello en m\u00e1xima tensi\u00f3n y una sonrisa de brutal empe\u00f1o, dolor y satisfacci\u00f3n en sus labios, evoca el rostro de Francisco de Goya, as\u00ed como figuras salidas de su pincel: \u201cEl coloso\u201d, un cicl\u00f3peo s\u00edmbolo de la guerra que provoca el espanto de los diminutos humanos que le ven traspasar monta\u00f1as, y, sobre todo, \u201cSaturno devorando a sus hijos\u201d, una pintura negra goyesca compuesta en 1820 cuando el sangriento guerracivilismo entre el ej\u00e9rcito liberal y el ej\u00e9rcito absolutista de Fernando VII anuncia la c\u00edclica devastaci\u00f3n de las futuras guerras carlistas que asolar\u00e1n Espa\u00f1a durante el siglo XIX. Las extremidades de \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d, de Dal\u00ed, que hacen girones al torturado cuerpo, dibujan el perfil de las fronteras de Espa\u00f1a, de modo que no exista duda sobre qui\u00e9n es ese formidable monstruo que se destroza a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Cada cierto tiempo, despu\u00e9s de una etapa pac\u00edfica, la vida espa\u00f1ola vuelve a enervarse en una desenfrenada mutilaci\u00f3n can\u00edbal hasta caer exhausta en un nuevo sopor que ser\u00e1 quebrado por la siguiente fiebre cainita. Salvador Dal\u00ed considera en su visita a Picasso que la \u00faltima siesta pac\u00edfica ha tocado a su fin, y tal como anunciase Goya, acaba de despertarse la recurrente lucha visceral, con la reanudaci\u00f3n de las rec\u00edprocas atrocidades y furiosas muertes como en un ritual que reproduce las conflagraciones anteriores. \u00bfEse autodesgarro cr\u00f3nico formaba parte esencial de lo espa\u00f1ol? Dal\u00ed cree que s\u00ed e interpreta esta encarnizada batalla con la mirada cient\u00edfica que le proporciona el psicoan\u00e1lisis de Freud, juzg\u00e1ndola como un acto de histeria narcisista que se deja arrastrar hacia una tortura autoaplicada. A Picasso, la pretendida actitud cient\u00edfica de Dal\u00ed le parece, en cambio, una supercher\u00eda y reacciona con un pragmatismo casticista.<\/p>\n<p>Fernando Arrabal construye ambas posturas a partir del estilo verbal con el que hablan sus dos protagonistas, cuya torrencial fluidez ha sido depurada hasta su perfil m\u00e1s esencial: Dal\u00ed puede enunciar con grotesca pedanter\u00eda: \u201c\u00a1Di-ezzz a\u00f1os an-tesss! La confusi\u00f3n reinante e imperante exige la precisi\u00f3n matem\u00e1tica\u2026\u201d. A lo que Picasso tiende a responder con un desgarro popular: \u201cD\u00e9jeme de monsergas cient\u00edficas. Estoy hasta los cojones de sus provocaciones\u201d. Cuando la silueta de un fantasmal macho cabr\u00edo, llamado \u201cBarrabal\u201d -esp\u00edritu dionisiaco de Picasso-, se deja ver tras una transparencia con intenciones escatol\u00f3gicas, el autor del \u201cGuernica\u201d no se reprime en su desahogo: \u201cEste puto cabr\u00f3n en cuanto me descuido me jode viva mi propia obra.\u201d A este casticismo bronco Dal\u00ed replica con enciclop\u00e9dica pedanter\u00eda: \u201c\u00bfAs\u00ed que usted tiene como colaboradora la vejiga urinaria de un cuadr\u00fapedo capricornio?\u201d La sarc\u00e1stica pendencia esconde, tras la carcajada, una agresividad furiosa. Dal\u00ed encarna un extremo de autocontenci\u00f3n, de freno insano a lo corporal, de cerebralismo prodigioso y al mismo tiempo castrante. Picasso es el l\u00edmite contrario, dominado por el impulso, el alma dionisiaca, la fogosidad bailarina de Zaratustra que acompa\u00f1a al dios Pan. Ambos diametralmente contrapuestos, y, a la vez, embarcados en la misma inclinaci\u00f3n al delirio esquizofr\u00e9nico y proclives al gran canibalismo. Fernando Arrabal se pregunta \u00bfes el canibalismo nuestra historia?<\/p>\n<p>Dal\u00ed y Picasso, tras hacer honor a esos apetitos can\u00edbales, caen en un profundo trance que les mantiene dormidos. Estamos en 2012, 2013 y 2014, y el canibalismo fratricida de repente se despierta de nuevo. Los dos salen de su gran sue\u00f1o y comienzan a dar s\u00edntomas de hambre, de momento solo hacia unas simb\u00f3licas habas hervidas. Desde Par\u00eds, Fernando Arrabal intuye los proleg\u00f3menos inequ\u00edvocos de la vieja voracidad espa\u00f1ola. Como siempre, ha habido una gran fiesta donde el antiguo furor parec\u00eda superado y enterrado, pero, como tantas otras veces, retorna a dar signos de volver a levantar la losa. Muchos se preguntan estos d\u00edas por qu\u00e9 no se ha producido un estallido social en la Espa\u00f1a de hoy. No pocos periodistas e intelectuales lo fomentan, sabiendo que la histeria puede alcanzar en cualquier momento su perfecto punto de cocci\u00f3n, repitiendo lo que otros muchos llevaron a cabo en nuestro pasado. Desde su residencia parisina, Arrabal nos recuerda y nos avisa. El escenario teatral es una gran plataforma para indicar a los ciudadanos por d\u00f3nde no conducir los grandes conflictos colectivos. Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente entiende fraternalmente a d\u00f3nde se\u00f1ala Fernando Arrabal, y Antonio Valero y Roger Coma otorgan una perfecta carnalidad a esos aleccionadores espectros de Pablo Picasso y Salvador Dal\u00ed, las dos leyendas que nos hablan de nuestro presente m\u00e1s inmediato.<\/p>\n<p>Director de escena: Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente<br \/>\nEscenograf\u00eda: Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente<br \/>\nInt\u00e9rpretes: Antonio Valero y Roger Coma. Voces en off de Irina Kouberskaya y Julieta Cardinali<br \/>\nLugar de representaci\u00f3n: Naves del Espa\u00f1ol \/ Matadero. Madrid<\/p>\n<p>Por RAFAEL FUENTES<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Arrabal au Teatro Espa\u00f1ol de Madrid \u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d, de Fernando Arrabal Rafael Fuentes Tras un largo silencio, Fernando Arrabal vuelve a los escenarios, situ\u00e1ndose en el centro de la convulsa vida espa\u00f1ola del siglo XXI desde su atalaya parisina. Reviviendo a sus adorados y desmitificados Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, nos advierte sobre el riesgo que pesa sobre nuestros hombros de resucitar el viejo cainismo espa\u00f1ol que hace d\u00e9cadas d\u00e1bamos por liquidado. Hasta hace pocas fechas, a Fernando Arrabal se le catalogaba como un dramaturgo del siglo XX, un genial autor ya confinado en la pasada centuria y estrechamente vinculado a una Espa\u00f1a tr\u00e1gica felizmente superada. El reciente estreno de \u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d nos lo devuelve repentinamente inserto en el siglo XXI, m\u00e1s depurado, igual de brillante, menos barroco, mucho m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo y de la eficacia de ese teatro de la crueldad que parec\u00eda haber exprimido ya todas sus posibilidades y que, sin embargo, nos ofrece nuevas versiones inesperadas, desconocidos frutos sorprendentes que extraen de la mitolog\u00eda espa\u00f1ola otra luz alucinada con que inspeccionar la Espa\u00f1a de hoy. Una mitolog\u00eda hispana aparentemente laica y cercana en el tiempo, como son las figuras de los pintores Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, aunque cargadas, en el fondo, de resonancias ancestrales y significados universales. Ambos movilizan masas, despiertan tanto una adoraci\u00f3n fan\u00e1tica como desprecios viscerales, tocan fibras muy profundas de admiradores y detractores, adquieren proporciones legendarias m\u00e1s all\u00e1 de cualquier racionalidad, aproxim\u00e1ndose m\u00e1s al impulso propio de una devoci\u00f3n profana. Fernando Arrabal ha situado a estas dos leyendas seglares frente a frente en el escenario, en una confrontaci\u00f3n que arranca en lo anecd\u00f3tico y se eleva gradualmente hasta un choque m\u00edtico provisto de una fuerza portentosa. \u00bfQui\u00e9n si no Arrabal podr\u00eda orquestar la tremenda energ\u00eda que se desprende de ese encuentro de alto voltaje, sin que ambas criaturas se abrasen o escapen a su control? El litigio de Salvador Dal\u00ed con Pablo Picasso, en su estudio parisino, no se atiene a la l\u00f3gica estricta de los acontecimientos biogr\u00e1ficos, sino a una din\u00e1mica a\u00fan m\u00e1s aut\u00e9ntica que subyace al dato hist\u00f3rico. Como es sabido, fue una comisi\u00f3n de la II Rep\u00fablica, formada por los escritores Juan Larrea, Max Aub y Jos\u00e9 Bergam\u00edn, entre otros, la que solicit\u00f3 a Picasso un lienzo para el pabell\u00f3n espa\u00f1ol de la Exposici\u00f3n Internacional de Par\u00eds a favor del bando republicano durante la Guerra Civil, dando lugar al que ser\u00eda su c\u00e9lebre \u201cGuernica\u201d. Arrabal decide ahora que sea Salvador Dal\u00ed quien se presente en el domicilio de Picasso para pedirle que trace un cuadro sobre la furiosa contienda fratricida que arrasa Espa\u00f1a, y trate de vencer la resistencia del pintor malague\u00f1o a abordar una obra art\u00edstica de naturaleza pol\u00edtica. Si la pieza de Arrabal trastoca los detalles hist\u00f3ricos es porque se ajusta m\u00e1s al proceso a trav\u00e9s del cual los pintores se van haciendo cargo del cainismo cerril de la guerra que se expande por la Pen\u00ednsula, vi\u00e9ndola desde los lejanos ojos de dos creadores hasta ese entonces m\u00e1s atentos a las vicisitudes de la distante bohemia de Par\u00eds. El coraz\u00f3n de Dal\u00ed ya ha sido tocado por la conmoci\u00f3n de la violencia delirante desatada en su pa\u00eds y la ha plasmado en su cuadro \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d, hoy en el Philadelphia Museum of Art de Estados Unidos. Dal\u00ed reivindica egoc\u00e9ntricamente haber sido el primero en intuir la tragedia colectiva pero al mismo tiempo siente la inaplazable necesidad de convencer a su colega m\u00e1s c\u00e9lebre, Picasso, de la urgencia de asumir esos sucesos dentro de su obra pict\u00f3rica. La presencia de Dal\u00ed no es caprichosa. Incierta hist\u00f3ricamente, resulta radicalmente ver\u00eddica en t\u00e9rminos emocionales. Pablo Picasso, envuelto en el halago de la fama y el entorno er\u00f3tico formado por su esposa Olga y sus amantes Marie-Th\u00e9r\u00e8se y Dora Maar, rechaza con cajas destempladas involucrarse en un asunto tan sangriento, desautorizando, a su vez, al movimiento surrealista y en particular la pintura psicoanal\u00edtica, para \u00e9l inaceptable, de Salvador Dal\u00ed. La discrepancia se hace mutua, la descalificaci\u00f3n que uno realiza de la obra del otro se vuelve despiadada, pasando de la est\u00e9tica a la reprobaci\u00f3n pol\u00edtica y de ah\u00ed a exacerbadas invectivas contra sus rec\u00edprocas intenciones, cuya escalada desemboca en un virulento ritual tan delirante como el que enfrenta a sangre y fuego a los ej\u00e9rcitos que luchan en tierras espa\u00f1olas. Para entender la naturaleza de ese singular cainismo entre dos personajes que se admiran profundamente y que, sin embargo, reproducen a peque\u00f1a escala el fratricidio a gran escala de su naci\u00f3n, habr\u00eda que tener con claridad en mente \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d de Salvador Dal\u00ed. El director del montaje, Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente, se asegura de ello haciendo pasar una reproducci\u00f3n del lienzo por detr\u00e1s de los dos egregios combatientes. Recordemos que la tela de Dal\u00ed presenta un monstruoso cuerpo humano donde las piernas y los brazos se encargan de autodesgarrarse. La cabeza que se alza hacia el cielo con una mueca del esfuerzo salvaje de autodestrucci\u00f3n, con las nervaturas del cuello en m\u00e1xima tensi\u00f3n y una sonrisa de brutal empe\u00f1o, dolor y satisfacci\u00f3n en sus labios, evoca el rostro de Francisco de Goya, as\u00ed como figuras salidas de su pincel: \u201cEl coloso\u201d, un cicl\u00f3peo s\u00edmbolo de la guerra que provoca el espanto de los diminutos humanos que le ven traspasar monta\u00f1as, y, sobre todo, \u201cSaturno devorando a sus hijos\u201d, una pintura negra goyesca compuesta en 1820 cuando el sangriento guerracivilismo entre el ej\u00e9rcito liberal y el ej\u00e9rcito absolutista de Fernando VII anuncia la c\u00edclica devastaci\u00f3n de las futuras guerras carlistas que asolar\u00e1n Espa\u00f1a durante el siglo XIX. 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Dal\u00ed cree que s\u00ed e interpreta esta encarnizada batalla con la mirada cient\u00edfica que le proporciona el psicoan\u00e1lisis de Freud, juzg\u00e1ndola como un acto de histeria narcisista que se deja arrastrar hacia una tortura autoaplicada. A Picasso, la pretendida actitud cient\u00edfica de Dal\u00ed le parece, en cambio, una supercher\u00eda y reacciona con un pragmatismo casticista. Fernando Arrabal construye ambas posturas a partir del estilo verbal con el que hablan sus dos protagonistas, cuya torrencial fluidez ha sido depurada hasta su perfil m\u00e1s esencial: Dal\u00ed puede enunciar con grotesca pedanter\u00eda: \u201c\u00a1Di-ezzz a\u00f1os an-tesss! La confusi\u00f3n reinante e imperante exige la precisi\u00f3n matem\u00e1tica\u2026\u201d. A lo que Picasso tiende a responder con un desgarro popular: \u201cD\u00e9jeme de monsergas cient\u00edficas. Estoy hasta los cojones de sus provocaciones\u201d. 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Reviviendo a sus adorados y desmitificados Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, nos advierte sobre el riesgo que pesa sobre nuestros hombros de resucitar el viejo cainismo espa\u00f1ol que hace d\u00e9cadas d\u00e1bamos por liquidado. Hasta hace pocas fechas, a Fernando Arrabal se le catalogaba como un dramaturgo del siglo XX, un genial autor ya confinado en la pasada centuria y estrechamente vinculado a una Espa\u00f1a tr\u00e1gica felizmente superada. El reciente estreno de \u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d nos lo devuelve repentinamente inserto en el siglo XXI, m\u00e1s depurado, igual de brillante, menos barroco, mucho m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo y de la eficacia de ese teatro de la crueldad que parec\u00eda haber exprimido ya todas sus posibilidades y que, sin embargo, nos ofrece nuevas versiones inesperadas, desconocidos frutos sorprendentes que extraen de la mitolog\u00eda espa\u00f1ola otra luz alucinada con que inspeccionar la Espa\u00f1a de hoy. Una mitolog\u00eda hispana aparentemente laica y cercana en el tiempo, como son las figuras de los pintores Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, aunque cargadas, en el fondo, de resonancias ancestrales y significados universales. Ambos movilizan masas, despiertan tanto una adoraci\u00f3n fan\u00e1tica como desprecios viscerales, tocan fibras muy profundas de admiradores y detractores, adquieren proporciones legendarias m\u00e1s all\u00e1 de cualquier racionalidad, aproxim\u00e1ndose m\u00e1s al impulso propio de una devoci\u00f3n profana. Fernando Arrabal ha situado a estas dos leyendas seglares frente a frente en el escenario, en una confrontaci\u00f3n que arranca en lo anecd\u00f3tico y se eleva gradualmente hasta un choque m\u00edtico provisto de una fuerza portentosa. \u00bfQui\u00e9n si no Arrabal podr\u00eda orquestar la tremenda energ\u00eda que se desprende de ese encuentro de alto voltaje, sin que ambas criaturas se abrasen o escapen a su control? El litigio de Salvador Dal\u00ed con Pablo Picasso, en su estudio parisino, no se atiene a la l\u00f3gica estricta de los acontecimientos biogr\u00e1ficos, sino a una din\u00e1mica a\u00fan m\u00e1s aut\u00e9ntica que subyace al dato hist\u00f3rico. Como es sabido, fue una comisi\u00f3n de la II Rep\u00fablica, formada por los escritores Juan Larrea, Max Aub y Jos\u00e9 Bergam\u00edn, entre otros, la que solicit\u00f3 a Picasso un lienzo para el pabell\u00f3n espa\u00f1ol de la Exposici\u00f3n Internacional de Par\u00eds a favor del bando republicano durante la Guerra Civil, dando lugar al que ser\u00eda su c\u00e9lebre \u201cGuernica\u201d. Arrabal decide ahora que sea Salvador Dal\u00ed quien se presente en el domicilio de Picasso para pedirle que trace un cuadro sobre la furiosa contienda fratricida que arrasa Espa\u00f1a, y trate de vencer la resistencia del pintor malague\u00f1o a abordar una obra art\u00edstica de naturaleza pol\u00edtica. Si la pieza de Arrabal trastoca los detalles hist\u00f3ricos es porque se ajusta m\u00e1s al proceso a trav\u00e9s del cual los pintores se van haciendo cargo del cainismo cerril de la guerra que se expande por la Pen\u00ednsula, vi\u00e9ndola desde los lejanos ojos de dos creadores hasta ese entonces m\u00e1s atentos a las vicisitudes de la distante bohemia de Par\u00eds. El coraz\u00f3n de Dal\u00ed ya ha sido tocado por la conmoci\u00f3n de la violencia delirante desatada en su pa\u00eds y la ha plasmado en su cuadro \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d, hoy en el Philadelphia Museum of Art de Estados Unidos. Dal\u00ed reivindica egoc\u00e9ntricamente haber sido el primero en intuir la tragedia colectiva pero al mismo tiempo siente la inaplazable necesidad de convencer a su colega m\u00e1s c\u00e9lebre, Picasso, de la urgencia de asumir esos sucesos dentro de su obra pict\u00f3rica. La presencia de Dal\u00ed no es caprichosa. Incierta hist\u00f3ricamente, resulta radicalmente ver\u00eddica en t\u00e9rminos emocionales. Pablo Picasso, envuelto en el halago de la fama y el entorno er\u00f3tico formado por su esposa Olga y sus amantes Marie-Th\u00e9r\u00e8se y Dora Maar, rechaza con cajas destempladas involucrarse en un asunto tan sangriento, desautorizando, a su vez, al movimiento surrealista y en particular la pintura psicoanal\u00edtica, para \u00e9l inaceptable, de Salvador Dal\u00ed. La discrepancia se hace mutua, la descalificaci\u00f3n que uno realiza de la obra del otro se vuelve despiadada, pasando de la est\u00e9tica a la reprobaci\u00f3n pol\u00edtica y de ah\u00ed a exacerbadas invectivas contra sus rec\u00edprocas intenciones, cuya escalada desemboca en un virulento ritual tan delirante como el que enfrenta a sangre y fuego a los ej\u00e9rcitos que luchan en tierras espa\u00f1olas. Para entender la naturaleza de ese singular cainismo entre dos personajes que se admiran profundamente y que, sin embargo, reproducen a peque\u00f1a escala el fratricidio a gran escala de su naci\u00f3n, habr\u00eda que tener con claridad en mente \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d de Salvador Dal\u00ed. El director del montaje, Juan Carlos P\u00e9rez de la Fuente, se asegura de ello haciendo pasar una reproducci\u00f3n del lienzo por detr\u00e1s de los dos egregios combatientes. Recordemos que la tela de Dal\u00ed presenta un monstruoso cuerpo humano donde las piernas y los brazos se encargan de autodesgarrarse. La cabeza que se alza hacia el cielo con una mueca del esfuerzo salvaje de autodestrucci\u00f3n, con las nervaturas del cuello en m\u00e1xima tensi\u00f3n y una sonrisa de brutal empe\u00f1o, dolor y satisfacci\u00f3n en sus labios, evoca el rostro de Francisco de Goya, as\u00ed como figuras salidas de su pincel: \u201cEl coloso\u201d, un cicl\u00f3peo s\u00edmbolo de la guerra que provoca el espanto de los diminutos humanos que le ven traspasar monta\u00f1as, y, sobre todo, \u201cSaturno devorando a sus hijos\u201d, una pintura negra goyesca compuesta en 1820 cuando el sangriento guerracivilismo entre el ej\u00e9rcito liberal y el ej\u00e9rcito absolutista de Fernando VII anuncia la c\u00edclica devastaci\u00f3n de las futuras guerras carlistas que asolar\u00e1n Espa\u00f1a durante el siglo XIX. Las extremidades de \u201cConstrucci\u00f3n blanda con jud\u00edas hervidas (Premonici\u00f3n de la Guerra Civil)\u201d, de Dal\u00ed, que hacen girones al torturado cuerpo, dibujan el perfil de las fronteras de Espa\u00f1a, de modo que no exista duda sobre qui\u00e9n es ese formidable monstruo que se destroza a s\u00ed mismo. Cada cierto tiempo, despu\u00e9s de una etapa pac\u00edfica, la vida espa\u00f1ola vuelve a enervarse en una desenfrenada mutilaci\u00f3n can\u00edbal hasta caer exhausta en un nuevo sopor que ser\u00e1 quebrado por la siguiente fiebre cainita. Salvador Dal\u00ed considera en su visita a Picasso que la \u00faltima siesta pac\u00edfica ha tocado a su fin, y tal como anunciase Goya, acaba de despertarse la recurrente lucha visceral, con la reanudaci\u00f3n de las rec\u00edprocas atrocidades y furiosas muertes como en un ritual que reproduce las conflagraciones anteriores. \u00bfEse autodesgarro cr\u00f3nico formaba parte esencial de lo espa\u00f1ol? Dal\u00ed cree que s\u00ed e interpreta esta encarnizada batalla con la mirada cient\u00edfica que le proporciona el psicoan\u00e1lisis de Freud, juzg\u00e1ndola como un acto de histeria narcisista que se deja arrastrar hacia una tortura autoaplicada. A Picasso, la pretendida actitud cient\u00edfica de Dal\u00ed le parece, en cambio, una supercher\u00eda y reacciona con un pragmatismo casticista. Fernando Arrabal construye ambas posturas a partir del estilo verbal con el que hablan sus dos protagonistas, cuya torrencial fluidez ha sido depurada hasta su perfil m\u00e1s esencial: Dal\u00ed puede enunciar con grotesca pedanter\u00eda: \u201c\u00a1Di-ezzz a\u00f1os an-tesss! La confusi\u00f3n reinante e imperante exige la precisi\u00f3n matem\u00e1tica\u2026\u201d. A lo que Picasso tiende a responder con un desgarro popular: \u201cD\u00e9jeme de monsergas cient\u00edficas. Estoy hasta los cojones de sus provocaciones\u201d. 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Reviviendo a sus adorados y desmitificados Salvador Dal\u00ed y Pablo Picasso, nos advierte sobre el riesgo que pesa sobre nuestros hombros de resucitar el viejo cainismo espa\u00f1ol que hace d\u00e9cadas d\u00e1bamos por liquidado. Hasta hace pocas fechas, a Fernando Arrabal se le catalogaba como un dramaturgo del siglo XX, un genial autor ya confinado en la pasada centuria y estrechamente vinculado a una Espa\u00f1a tr\u00e1gica felizmente superada. El reciente estreno de \u201cDal\u00ed versus Picasso\u201d nos lo devuelve repentinamente inserto en el siglo XXI, m\u00e1s depurado, igual de brillante, menos barroco, mucho m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo y de la eficacia de ese teatro de la crueldad que parec\u00eda haber exprimido ya todas sus posibilidades y que, sin embargo, nos ofrece nuevas versiones inesperadas, desconocidos frutos sorprendentes que extraen de la mitolog\u00eda espa\u00f1ola otra luz alucinada con que inspeccionar la Espa\u00f1a de hoy. 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