﻿{"id":4338,"date":"2013-11-24T13:34:25","date_gmt":"2013-11-24T11:34:25","guid":{"rendered":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/?p=4338"},"modified":"2015-08-19T01:40:13","modified_gmt":"2015-08-18T23:40:13","slug":"arrabal-el-espiritu-libre-de-las-letras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/2013\/11\/24\/4338\/arrabal-el-espiritu-libre-de-las-letras\/","title":{"rendered":"Arrabal, el esp\u00edritu libre de las Letras"},"content":{"rendered":"<p>Tweets \u00a0\u00a0\u00a0<a href=\"https:\/\/twitter.com\/arrabalf\"> \u200f<span style=\"text-decoration: line-through;\">@<\/span>arrabalf<\/a> autre arrabalesque: &#8230;la pens\u00e9e automatique est-elle folle et effrayante?.<\/p>\n<p>&#8230; el pensamiento autom\u00e1tico \u00bfes loco y amedrentador?<\/p>\n<p>________<\/p>\n<h3><a title=\"Arrabal, el esp\u00edritu libre de las Letras\" href=\"http:\/\/www.abc.es\/local-castilla-leon\/20131107\/abci-arrabal-espiritu-libre-letras-201311070915.html\" target=\"_self\">Arrabal, el esp\u00edritu libre de las Letras<\/a><\/h3>\n<p>ABC\u00a0\u00a0\u00a0 Fernando Conde<\/p>\n<p>\u00bfHasta qu\u00e9 punto un chusco episodio medi\u00e1tico puede llegar a eclipsar la genialidad y hondura de un per sonaje?<\/p>\n<p>En la mente de muchos espa\u00f1oles se conserva\u00a0 aquel recuerdo vivido: un hombre trompicado en medio de un plat\u00f3 de televisi\u00f3n; un San Pablo beodo y enredado en el piaf\u00e9 de sus propias palabras; un d\u00edscolo desentonando la canci\u00f3n de lo pol\u00edticamente correcto; un heterodoxo mordi\u00e9ndole las pantorrillas a la ortodoxia.<\/p>\n<p>Como un \u00e1rbol despojado de toda majestad y hendido por el rayo (al igual que su propia \u00abtorre\u00bb o como el olmo de Machado) del exceso. Un \u00e1rbol que como el sauce, cuanto m\u00e1s majestuoso, m\u00e1s deja caer sus ramas hacia el suelo. Y, sin embargo\u2026 un \u00e1rbol que, quiz\u00e1, haya impedido siquiera intuir el frondoso y f\u00e9rtil bosque que se esconde tras lo trivial, lo circense, lo grotesco de una figura y una compostura.<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: bold; font-style: normal;\">Fernando Arrabal<\/span>, protagonista (qui\u00e9n sabe si voluntario o no; con Arrabal nunca se sabe) de aquel recuerdo, es ese \u00e1rbol al que el rayo de Baco fulmin\u00f3 una noche ya lejana, en oto\u00f1o del 89. Un esp\u00edritu libre en el m\u00e1s libre de los sentidos, un hombre \u00fanico, singular, extraordinario. Un escritor de huella profunda, un r\u00edo alimentado por infinitos afluentes, un ser distinto con un estar distinto. En cierto modo, un \u00abh\u00e1pax\u00bb, que en griego cl\u00e1sico quiere decir \u00ablo que sucede una sola vez\u00bb.<\/p>\n<p>Resultar\u00eda muy torpe quedarse en ese \u00abarrabal\u00bb y no penetrar en la ciudad y conocer la riqueza y ornamentaci\u00f3n de su mercado teatral -tal vez el m\u00e1s representado en nuestra lengua en las \u00faltimas d\u00e9cadas-, el rupturismo de su novel\u00edstica, el color afrancesado y chic de su cinematograf\u00eda, o la prolijidad -tambi\u00e9n excesiva- de sus versos. Porque Arrabal va, como s\u00f3lo los locos o los dioses van, del exceso a lo excelso. Su producci\u00f3n literaria es casi un imposible.<\/p>\n<p>Como un Lope ultramoderno pareciera ocupar todas las horas en escribir. C\u00f3mo explicar si no una obra en trance de inabarcable dimensi\u00f3n. Arrabal es adem\u00e1s un lenguaraz \u00e1cido, un inconformista cr\u00edtico y c\u00edtrico. Clarividente casi siempre, con la suficiente autoridad para denunciar la impostura desde cualquier p\u00e1gina, en cualquier circunstancia; como cuando en su libro Un esclavo llamado Cervantes se atreve a lanzar este preterible: \u00abEn Espa\u00f1a, si hubiera existido el Premio Cervantes en el siglo XVII, se lo hubieran dado a <span style=\"font-weight: bold; font-style: normal;\">Alonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda<\/span>, el autor del falso Quijote. Cervantes no lo hubiera merecido\u00bb.<\/p>\n<h4>Alabado por sus contempor\u00e1neos<\/h4>\n<p>Pocos autores pueden presumir de haber obtenido el aplauso de sus iguales y haberse ganado el respeto de sus contempor\u00e1neos. Pocos han merecido -y cosechado- la alabanza de otros colegas. Aleixandre, Beckett, Kundera, Ionesco, Goytisolo (Juan), Luis Alberto de Cuenca, Jodorowsky o Houellebecq son algunos de los nombres que se han rendido a la literatura y el pensamiento de este mirobrigense nacido en Melilla. Una pl\u00e9yade de admiradores conformando un babel en el que las lenguas se confunden para amalgamar una admiraci\u00f3n un\u00e1nime.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Arrabal espera al futuro amarrado a su pluma. Un futuro que, como sucede casi siempre, nos dar\u00e1 la justa medida de sus m\u00e9ritos. Mientras tanto, Arrabal juega a la espera, a esperar que alguien de su estatura muera y le preste el frac de recoger los grandes galardones. Pero de momento, a los <span style=\"font-weight: bold; font-style: normal;\">Nabokov y Nadales <\/span>ya puede sumar otro de largo alcance, el que le sit\u00faa, como a aquel buda en una lejana noche de televisi\u00f3n, en el sill\u00f3n de las Letras de los Premios Gabarr\u00f3n 2013.<\/p>\n<p>Torpe juicio el de quienes se quedaron en los arrabales de Arrabal, porque en \u00e9l todo es puro n\u00facleo, m\u00e9dula nutricia, coraz\u00f3n de tinta que nunca acabar\u00e1 de secarse. Y si no, tiempo al tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tweets \u00a0\u00a0\u00a0 \u200f@arrabalf autre arrabalesque: &#8230;la pens\u00e9e automatique est-elle folle et effrayante?. &#8230; el pensamiento autom\u00e1tico \u00bfes loco y amedrentador? ________ Arrabal, el esp\u00edritu libre de las Letras ABC\u00a0\u00a0\u00a0 Fernando Conde \u00bfHasta qu\u00e9 punto un chusco episodio medi\u00e1tico puede llegar a eclipsar la genialidad y hondura de un per sonaje? En la mente de muchos espa\u00f1oles se conserva\u00a0 aquel recuerdo vivido: un hombre trompicado en medio de un plat\u00f3 de televisi\u00f3n; un San Pablo beodo y enredado en el piaf\u00e9 de sus propias palabras; un d\u00edscolo desentonando la canci\u00f3n de lo pol\u00edticamente correcto; un heterodoxo mordi\u00e9ndole las pantorrillas a la ortodoxia. Como un \u00e1rbol despojado de toda majestad y hendido por el rayo (al igual que su propia \u00abtorre\u00bb o como el olmo de Machado) del exceso. Un \u00e1rbol que como el sauce, cuanto m\u00e1s majestuoso, m\u00e1s deja caer sus ramas hacia el suelo. Y, sin embargo\u2026 un \u00e1rbol que, quiz\u00e1, haya impedido siquiera intuir el frondoso y f\u00e9rtil bosque que se esconde tras lo trivial, lo circense, lo grotesco de una figura y una compostura. Fernando Arrabal, protagonista (qui\u00e9n sabe si voluntario o no; con Arrabal nunca se sabe) de aquel recuerdo, es ese \u00e1rbol al que el rayo de Baco fulmin\u00f3 una noche ya lejana, en oto\u00f1o del 89. Un esp\u00edritu libre en el m\u00e1s libre de los sentidos, un hombre \u00fanico, singular, extraordinario. Un escritor de huella profunda, un r\u00edo alimentado por infinitos afluentes, un ser distinto con un estar distinto. 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Clarividente casi siempre, con la suficiente autoridad para denunciar la impostura desde cualquier p\u00e1gina, en cualquier circunstancia; como cuando en su libro Un esclavo llamado Cervantes se atreve a lanzar este preterible: \u00abEn Espa\u00f1a, si hubiera existido el Premio Cervantes en el siglo XVII, se lo hubieran dado a Alonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda, el autor del falso Quijote. Cervantes no lo hubiera merecido\u00bb. Alabado por sus contempor\u00e1neos Pocos autores pueden presumir de haber obtenido el aplauso de sus iguales y haberse ganado el respeto de sus contempor\u00e1neos. Pocos han merecido -y cosechado- la alabanza de otros colegas. Aleixandre, Beckett, Kundera, Ionesco, Goytisolo (Juan), Luis Alberto de Cuenca, Jodorowsky o Houellebecq son algunos de los nombres que se han rendido a la literatura y el pensamiento de este mirobrigense nacido en Melilla. Una pl\u00e9yade de admiradores conformando un babel en el que las lenguas se confunden para amalgamar una admiraci\u00f3n un\u00e1nime. Mientras tanto, Arrabal espera al futuro amarrado a su pluma. Un futuro que, como sucede casi siempre, nos dar\u00e1 la justa medida de sus m\u00e9ritos. Mientras tanto, Arrabal juega a la espera, a esperar que alguien de su estatura muera y le preste el frac de recoger los grandes galardones. Pero de momento, a los Nabokov y Nadales ya puede sumar otro de largo alcance, el que le sit\u00faa, como a aquel buda en una lejana noche de televisi\u00f3n, en el sill\u00f3n de las Letras de los Premios Gabarr\u00f3n 2013. Torpe juicio el de quienes se quedaron en los arrabales de Arrabal, porque en \u00e9l todo es puro n\u00facleo, m\u00e9dula nutricia, coraz\u00f3n de tinta que nunca acabar\u00e1 de secarse. 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Fernando Arrabal, protagonista (qui\u00e9n sabe si voluntario o no; con Arrabal nunca se sabe) de aquel recuerdo, es ese \u00e1rbol al que el rayo de Baco fulmin\u00f3 una noche ya lejana, en oto\u00f1o del 89. Un esp\u00edritu libre en el m\u00e1s libre de los sentidos, un hombre \u00fanico, singular, extraordinario. Un escritor de huella profunda, un r\u00edo alimentado por infinitos afluentes, un ser distinto con un estar distinto. En cierto modo, un \u00abh\u00e1pax\u00bb, que en griego cl\u00e1sico quiere decir \u00ablo que sucede una sola vez\u00bb. Resultar\u00eda muy torpe quedarse en ese \u00abarrabal\u00bb y no penetrar en la ciudad y conocer la riqueza y ornamentaci\u00f3n de su mercado teatral -tal vez el m\u00e1s representado en nuestra lengua en las \u00faltimas d\u00e9cadas-, el rupturismo de su novel\u00edstica, el color afrancesado y chic de su cinematograf\u00eda, o la prolijidad -tambi\u00e9n excesiva- de sus versos. Porque Arrabal va, como s\u00f3lo los locos o los dioses van, del exceso a lo excelso. Su producci\u00f3n literaria es casi un imposible. Como un Lope ultramoderno pareciera ocupar todas las horas en escribir. C\u00f3mo explicar si no una obra en trance de inabarcable dimensi\u00f3n. Arrabal es adem\u00e1s un lenguaraz \u00e1cido, un inconformista cr\u00edtico y c\u00edtrico. Clarividente casi siempre, con la suficiente autoridad para denunciar la impostura desde cualquier p\u00e1gina, en cualquier circunstancia; como cuando en su libro Un esclavo llamado Cervantes se atreve a lanzar este preterible: \u00abEn Espa\u00f1a, si hubiera existido el Premio Cervantes en el siglo XVII, se lo hubieran dado a Alonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda, el autor del falso Quijote. Cervantes no lo hubiera merecido\u00bb. Alabado por sus contempor\u00e1neos Pocos autores pueden presumir de haber obtenido el aplauso de sus iguales y haberse ganado el respeto de sus contempor\u00e1neos. Pocos han merecido -y cosechado- la alabanza de otros colegas. Aleixandre, Beckett, Kundera, Ionesco, Goytisolo (Juan), Luis Alberto de Cuenca, Jodorowsky o Houellebecq son algunos de los nombres que se han rendido a la literatura y el pensamiento de este mirobrigense nacido en Melilla. Una pl\u00e9yade de admiradores conformando un babel en el que las lenguas se confunden para amalgamar una admiraci\u00f3n un\u00e1nime. Mientras tanto, Arrabal espera al futuro amarrado a su pluma. Un futuro que, como sucede casi siempre, nos dar\u00e1 la justa medida de sus m\u00e9ritos. Mientras tanto, Arrabal juega a la espera, a esperar que alguien de su estatura muera y le preste el frac de recoger los grandes galardones. Pero de momento, a los Nabokov y Nadales ya puede sumar otro de largo alcance, el que le sit\u00faa, como a aquel buda en una lejana noche de televisi\u00f3n, en el sill\u00f3n de las Letras de los Premios Gabarr\u00f3n 2013. 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En la mente de muchos espa\u00f1oles se conserva\u00a0 aquel recuerdo vivido: un hombre trompicado en medio de un plat\u00f3 de televisi\u00f3n; un San Pablo beodo y enredado en el piaf\u00e9 de sus propias palabras; un d\u00edscolo desentonando la canci\u00f3n de lo pol\u00edticamente correcto; un heterodoxo mordi\u00e9ndole las pantorrillas a la ortodoxia. Como un \u00e1rbol despojado de toda majestad y hendido por el rayo (al igual que su propia \u00abtorre\u00bb o como el olmo de Machado) del exceso. Un \u00e1rbol que como el sauce, cuanto m\u00e1s majestuoso, m\u00e1s deja caer sus ramas hacia el suelo. Y, sin embargo\u2026 un \u00e1rbol que, quiz\u00e1, haya impedido siquiera intuir el frondoso y f\u00e9rtil bosque que se esconde tras lo trivial, lo circense, lo grotesco de una figura y una compostura. Fernando Arrabal, protagonista (qui\u00e9n sabe si voluntario o no; con Arrabal nunca se sabe) de aquel recuerdo, es ese \u00e1rbol al que el rayo de Baco fulmin\u00f3 una noche ya lejana, en oto\u00f1o del 89. Un esp\u00edritu libre en el m\u00e1s libre de los sentidos, un hombre \u00fanico, singular, extraordinario. Un escritor de huella profunda, un r\u00edo alimentado por infinitos afluentes, un ser distinto con un estar distinto. En cierto modo, un \u00abh\u00e1pax\u00bb, que en griego cl\u00e1sico quiere decir \u00ablo que sucede una sola vez\u00bb. Resultar\u00eda muy torpe quedarse en ese \u00abarrabal\u00bb y no penetrar en la ciudad y conocer la riqueza y ornamentaci\u00f3n de su mercado teatral -tal vez el m\u00e1s representado en nuestra lengua en las \u00faltimas d\u00e9cadas-, el rupturismo de su novel\u00edstica, el color afrancesado y chic de su cinematograf\u00eda, o la prolijidad -tambi\u00e9n excesiva- de sus versos. Porque Arrabal va, como s\u00f3lo los locos o los dioses van, del exceso a lo excelso. Su producci\u00f3n literaria es casi un imposible. Como un Lope ultramoderno pareciera ocupar todas las horas en escribir. C\u00f3mo explicar si no una obra en trance de inabarcable dimensi\u00f3n. Arrabal es adem\u00e1s un lenguaraz \u00e1cido, un inconformista cr\u00edtico y c\u00edtrico. Clarividente casi siempre, con la suficiente autoridad para denunciar la impostura desde cualquier p\u00e1gina, en cualquier circunstancia; como cuando en su libro Un esclavo llamado Cervantes se atreve a lanzar este preterible: \u00abEn Espa\u00f1a, si hubiera existido el Premio Cervantes en el siglo XVII, se lo hubieran dado a Alonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda, el autor del falso Quijote. Cervantes no lo hubiera merecido\u00bb. Alabado por sus contempor\u00e1neos Pocos autores pueden presumir de haber obtenido el aplauso de sus iguales y haberse ganado el respeto de sus contempor\u00e1neos. Pocos han merecido -y cosechado- la alabanza de otros colegas. Aleixandre, Beckett, Kundera, Ionesco, Goytisolo (Juan), Luis Alberto de Cuenca, Jodorowsky o Houellebecq son algunos de los nombres que se han rendido a la literatura y el pensamiento de este mirobrigense nacido en Melilla. Una pl\u00e9yade de admiradores conformando un babel en el que las lenguas se confunden para amalgamar una admiraci\u00f3n un\u00e1nime. Mientras tanto, Arrabal espera al futuro amarrado a su pluma. Un futuro que, como sucede casi siempre, nos dar\u00e1 la justa medida de sus m\u00e9ritos. Mientras tanto, Arrabal juega a la espera, a esperar que alguien de su estatura muera y le preste el frac de recoger los grandes galardones. Pero de momento, a los Nabokov y Nadales ya puede sumar otro de largo alcance, el que le sit\u00faa, como a aquel buda en una lejana noche de televisi\u00f3n, en el sill\u00f3n de las Letras de los Premios Gabarr\u00f3n 2013. Torpe juicio el de quienes se quedaron en los arrabales de Arrabal, porque en \u00e9l todo es puro n\u00facleo, m\u00e9dula nutricia, coraz\u00f3n de tinta que nunca acabar\u00e1 de secarse. 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