﻿{"id":2721,"date":"2011-11-08T12:58:05","date_gmt":"2011-11-08T10:58:05","guid":{"rendered":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/?p=2721"},"modified":"2015-08-20T17:00:03","modified_gmt":"2015-08-20T15:00:03","slug":"el-imparcial-nobel-chocolatization-un-autre-arrabalesque","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/2011\/11\/08\/2721\/el-imparcial-nobel-chocolatization-un-autre-arrabalesque\/","title":{"rendered":"&#8230;El imparcial&#8230; Nobel&#8230; chocolatization  &#8230;un autre arrabalesque&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>&#8230;un autre arrabalesque: par pure contradiction le moment ne me semble pas venu de d\u00e9ployer le tapis rose bombon<\/p>\n<p>104e ANNIVERSAIRE DE \u00a0l&rsquo;OCCULTATION D&rsquo;ALFRED\u00a0 JARRY<\/p>\n<p>EL IMPARCIAL\u00a0 (Mart\u00edn-Miguel Rubio Esteban doctor en Filolog\u00eda Cl\u00e1sica ):<\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00a0&#8230; F3o<\/strong>ol\u00f3gico, no menos ortodoxo que los de Jos\u00e9 de Valdivieso, adaptados tambi\u00e9n a la mundivisi\u00f3n de sus tiempos barrocos, es el <strong>Cementerio de Autom\u00f3viles<\/strong>, actualizaci\u00f3n del sacrificio salvador de la Segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad, en donde vuelven los viejos y eternos temas de la redenci\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la entrega total del Redentor o Chivo Expiatorio a la causa de la dignidad sagrada del hombre, en una \u00e9poca en que el materialismo hist\u00f3rico y el ate\u00edsmo cientificista eran las incontestables verdades can\u00f3nicas. Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem. <strong>El Arquitecto y el Emperador de Asiria<\/strong> representa el mayor varapalo que se ha dado en el teatro a la filosof\u00eda estrella, con ilusiones terap\u00e9uticas y de holismo antropol\u00f3gico, de aquella \u00e9poca en la que se estren\u00f3: el psicoan\u00e1lisis freudiano.<\/p>\n<p><strong>El Laberinto<\/strong>, del que hablaremos un poco m\u00e1s por ser una pieza injustamente menos conocida, se desarrolla en un parque ( en gr. par\u00e1deisos, de donde viene la ed\u00e9nica voz del Para\u00edso, y aqu\u00ed, en esta pieza arrabaliana, estamos en otro jard\u00edn de los intermundia ) que forma un laberinto aleg\u00f3rico, inacabable, a trav\u00e9s de una incesante multiplicaci\u00f3n de inn\u00fameras mantas tendidas a secar que forman pasillos o corredores de kil\u00f3metros y kil\u00f3metros y que se mantienen colgadas sobre cadenas inveros\u00edmiles, dando el aspecto de otro \u00e1mbito m\u00e1s del infierno dantesco sin Virgilio. Dos hombres, a mitad del camino de la vida, Esteban y Bruno, que acaban de liberarse de unas esposas que los ten\u00edan atados por los pies, se encuentran perplejos ante su destino, un destino aparentemente incomprensible, al lado de un retrete del que un Bruno eternamente sediento intenta beber agua y en medio de una disparatada multiplicaci\u00f3n laber\u00edntica de mantas tendidas. El dios de este Reino es Justino, el padre de Micaela, quien aparentemente loca describe la l\u00f3gica abstrusa mediante la que gobierna su padre aquel mundo: \u201cYa le he dicho que mi padre lleva un orden riguroso en los asuntos a tratar. Esto en ocasiones le lleva a resolver problemas que a nosotros nos parecen banales, d\u00e1ndoles prioridad sobre otros que nosotros suponemos m\u00e1s transcendentales. Esto no obedece nada m\u00e1s que a la diferente escala de valores que tenemos nosotros en relaci\u00f3n con mi padre (\u2026) Mi padre tiene una escala de valores diferente y que da las preferencias siguiendo un sistema riguroso e impenetrable que a pesar de su absurdidad, en principio, resulta el mejor a la larga, como he podido comprobar miles de veces\u201d. Es evidente que Justino nos recuerda mucho a ese Dios que escribe derecho con renglones torcidos. Esteban pregunta aterrado c\u00f3mo salir de su destino vital ( el laberinto ), y Micaela, implacable, le responde:<\/p>\n<p>&#8211; Si no tiene much\u00edsima suerte, o bien la ayuda directa de mi padre, no cuente salir jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Efectivamente, los hombres nos perdemos con frecuencia en esta vida en el laberinto de los malentendidos del padre. Pero aunque nacemos en unas circunstancias concretas ( el laberinto ), los hombres no estamos del todo determinados, mantenemos un espacio de libertad inabordable para los dem\u00e1s, y un buen n\u00famero de nuestras acciones son morales, porque son libres, aunque el uso de elecciones anteriores nos vaya autodeterminando y cerrando las alternativas. \u201cTiene dos posibilidades: o bien esperar su turno en el tribunal central \u2014 quiz\u00e1 tenga que esperar varios meses \u2014 o bien ser juzgado r\u00e1pidamente por el tribunal de urgencia que le tratar\u00e1 como le digo con un gran rigor, mucho m\u00e1s teniendo presente el asunto de sus esposas. D\u00edgame lo que prefiere.\u201d<\/p>\n<p>Aunque la obra tiene evidentes gui\u00f1os al <strong>Proceso<\/strong>, de Kafka, nuestro espa\u00f1ol\u00edsimo Fernando Arrabal se atreve a sacar conclusiones que al t\u00edmido solitario de Praga y delicad\u00edsimo convaleciente en los Montes Tatra no se le ocurri\u00f3. Todo hombre es consciente en la vida de que estar\u00e1 ante un insoslayable proceso de tipo legal. Todos nacemos con la hiperest\u00e9sica conciencia del pecado original en el alma, y el miedo de las consecuencias de nuestro pecado efectivo nos hace padecer una intolerable desconfianza hacia la justicia y la ley.<\/p>\n<p>Fernando Arrabal ha recreado aqu\u00ed de nuevo el Para\u00edso en donde el hombre, una vez m\u00e1s, miente al padre, una y otra vez, no reconociendo su pecado m\u00e1s definitorio, el pecado original, que fundamenta toda humanidad, hiriendo al hombre in aeternum. De nuevo nos encontramos ante un nuevo auto sacramental arrabalesco, el auto sacramental del pecado original, en donde los criados del padre son los celosos \u00e1ngeles que nos arrojan del Par\u00e1deisos: \u201cHay que tener en cuenta la extremada susceptibilidad del criado que s\u00f3lo tolera servir a los de la casa pero no a extra\u00f1os, lo cual es l\u00f3gico\u201d. Dice Micaela, trasunto sin duda del Arc\u00e1ngel San Miguel.<\/p>\n<p>Aunque Esteban, que personifica aqu\u00ed al g\u00e9nero humano por antonomasia, afirme que \u201cYo s\u00ed que me salvar\u00e9, soy inocente, no tengo ninguna falta\u201d, no para de mentir al disparatado juez de Dios, que, aunque disparatado por su porte, no le impide ser justo.<\/p>\n<p>En realidad, Arrabal nunca ha sido surrealista; su agud\u00edsimo dolor moral de tipo teol\u00f3gico y su infinito desprecio al psicoan\u00e1lisis que se nos revela atroz en una obra como <strong>El Arquitecto y el emperador de Asiria<\/strong>, impiden poder calificarlo as\u00ed. El surrealismo es un morbo g\u00e1lico que no ha padecido Arrabal. Al contrario, Arrabal nos revela de la forma m\u00e1s elefanti\u00e1sica las caracter\u00edsticas del alma espa\u00f1ola, que \u201ccorruptora del gusto\u201d para toda la Europa refinada de los siglos XIX y XX, jam\u00e1s padeci\u00f3, sin embargo, la enfermedad de la guillotina, la amputaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los dedos pulgares de las indias canadienses \u2014 senecas e iroqueses \u2014 para que no compitieran con la industrial textil inglesa, ni los campos de exterminio de los tan bien organizados y generosos germanos. En la oquedad del alma europea, un cad\u00e1ver puesto en pie, resuena como un eco bronco la obra inmortal de Fernando Arrabal, que mantiene indemnes los manes patrios anteriores a Westfalia.<\/p>\n<p>Es curioso que los habitantes de \u201cdestierrolandia\u201d ( la patria actual de Fernando Arrabal ) suelan tener mejor o\u00eddo para o\u00edr el rumor fre\u00e1tico del alma de la patria, de la historia del alma de la patria, de su linaje y prosapia. Y es probable que junto a Buero \u2014 que vivi\u00f3 su destierrolandia en las c\u00e1rceles de Franco -, Fernando Arrabal sea el autor dram\u00e1tico m\u00e1s espa\u00f1ol del siglo XX. Y el hecho de que sus mejores obras las haya escrito en franc\u00e9s es pura an\u00e9cdota&#8230;\u00a0\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;un autre arrabalesque: par pure contradiction le moment ne me semble pas venu de d\u00e9ployer le tapis rose bombon 104e ANNIVERSAIRE DE \u00a0l&rsquo;OCCULTATION D&rsquo;ALFRED\u00a0 JARRY EL IMPARCIAL\u00a0 (Mart\u00edn-Miguel Rubio Esteban doctor en Filolog\u00eda Cl\u00e1sica ): \u00ab\u00a0&#8230; F3ool\u00f3gico, no menos ortodoxo que los de Jos\u00e9 de Valdivieso, adaptados tambi\u00e9n a la mundivisi\u00f3n de sus tiempos barrocos, es el Cementerio de Autom\u00f3viles, actualizaci\u00f3n del sacrificio salvador de la Segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad, en donde vuelven los viejos y eternos temas de la redenci\u00f3n del hombre a trav\u00e9s de la entrega total del Redentor o Chivo Expiatorio a la causa de la dignidad sagrada del hombre, en una \u00e9poca en que el materialismo hist\u00f3rico y el ate\u00edsmo cientificista eran las incontestables verdades can\u00f3nicas. Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem. El Arquitecto y el Emperador de Asiria representa el mayor varapalo que se ha dado en el teatro a la filosof\u00eda estrella, con ilusiones terap\u00e9uticas y de holismo antropol\u00f3gico, de aquella \u00e9poca en la que se estren\u00f3: el psicoan\u00e1lisis freudiano. El Laberinto, del que hablaremos un poco m\u00e1s por ser una pieza injustamente menos conocida, se desarrolla en un parque ( en gr. par\u00e1deisos, de donde viene la ed\u00e9nica voz del Para\u00edso, y aqu\u00ed, en esta pieza arrabaliana, estamos en otro jard\u00edn de los intermundia ) que forma un laberinto aleg\u00f3rico, inacabable, a trav\u00e9s de una incesante multiplicaci\u00f3n de inn\u00fameras mantas tendidas a secar que forman pasillos o corredores de kil\u00f3metros y kil\u00f3metros y que se mantienen colgadas sobre cadenas inveros\u00edmiles, dando el aspecto de otro \u00e1mbito m\u00e1s del infierno dantesco sin Virgilio. Dos hombres, a mitad del camino de la vida, Esteban y Bruno, que acaban de liberarse de unas esposas que los ten\u00edan atados por los pies, se encuentran perplejos ante su destino, un destino aparentemente incomprensible, al lado de un retrete del que un Bruno eternamente sediento intenta beber agua y en medio de una disparatada multiplicaci\u00f3n laber\u00edntica de mantas tendidas. El dios de este Reino es Justino, el padre de Micaela, quien aparentemente loca describe la l\u00f3gica abstrusa mediante la que gobierna su padre aquel mundo: \u201cYa le he dicho que mi padre lleva un orden riguroso en los asuntos a tratar. Esto en ocasiones le lleva a resolver problemas que a nosotros nos parecen banales, d\u00e1ndoles prioridad sobre otros que nosotros suponemos m\u00e1s transcendentales. Esto no obedece nada m\u00e1s que a la diferente escala de valores que tenemos nosotros en relaci\u00f3n con mi padre (\u2026) Mi padre tiene una escala de valores diferente y que da las preferencias siguiendo un sistema riguroso e impenetrable que a pesar de su absurdidad, en principio, resulta el mejor a la larga, como he podido comprobar miles de veces\u201d. Es evidente que Justino nos recuerda mucho a ese Dios que escribe derecho con renglones torcidos. Esteban pregunta aterrado c\u00f3mo salir de su destino vital ( el laberinto ), y Micaela, implacable, le responde: &#8211; Si no tiene much\u00edsima suerte, o bien la ayuda directa de mi padre, no cuente salir jam\u00e1s. Efectivamente, los hombres nos perdemos con frecuencia en esta vida en el laberinto de los malentendidos del padre. Pero aunque nacemos en unas circunstancias concretas ( el laberinto ), los hombres no estamos del todo determinados, mantenemos un espacio de libertad inabordable para los dem\u00e1s, y un buen n\u00famero de nuestras acciones son morales, porque son libres, aunque el uso de elecciones anteriores nos vaya autodeterminando y cerrando las alternativas. \u201cTiene dos posibilidades: o bien esperar su turno en el tribunal central \u2014 quiz\u00e1 tenga que esperar varios meses \u2014 o bien ser juzgado r\u00e1pidamente por el tribunal de urgencia que le tratar\u00e1 como le digo con un gran rigor, mucho m\u00e1s teniendo presente el asunto de sus esposas. D\u00edgame lo que prefiere.\u201d Aunque la obra tiene evidentes gui\u00f1os al Proceso, de Kafka, nuestro espa\u00f1ol\u00edsimo Fernando Arrabal se atreve a sacar conclusiones que al t\u00edmido solitario de Praga y delicad\u00edsimo convaleciente en los Montes Tatra no se le ocurri\u00f3. Todo hombre es consciente en la vida de que estar\u00e1 ante un insoslayable proceso de tipo legal. Todos nacemos con la hiperest\u00e9sica conciencia del pecado original en el alma, y el miedo de las consecuencias de nuestro pecado efectivo nos hace padecer una intolerable desconfianza hacia la justicia y la ley. Fernando Arrabal ha recreado aqu\u00ed de nuevo el Para\u00edso en donde el hombre, una vez m\u00e1s, miente al padre, una y otra vez, no reconociendo su pecado m\u00e1s definitorio, el pecado original, que fundamenta toda humanidad, hiriendo al hombre in aeternum. De nuevo nos encontramos ante un nuevo auto sacramental arrabalesco, el auto sacramental del pecado original, en donde los criados del padre son los celosos \u00e1ngeles que nos arrojan del Par\u00e1deisos: \u201cHay que tener en cuenta la extremada susceptibilidad del criado que s\u00f3lo tolera servir a los de la casa pero no a extra\u00f1os, lo cual es l\u00f3gico\u201d. Dice Micaela, trasunto sin duda del Arc\u00e1ngel San Miguel. Aunque Esteban, que personifica aqu\u00ed al g\u00e9nero humano por antonomasia, afirme que \u201cYo s\u00ed que me salvar\u00e9, soy inocente, no tengo ninguna falta\u201d, no para de mentir al disparatado juez de Dios, que, aunque disparatado por su porte, no le impide ser justo. En realidad, Arrabal nunca ha sido surrealista; su agud\u00edsimo dolor moral de tipo teol\u00f3gico y su infinito desprecio al psicoan\u00e1lisis que se nos revela atroz en una obra como El Arquitecto y el emperador de Asiria, impiden poder calificarlo as\u00ed. El surrealismo es un morbo g\u00e1lico que no ha padecido Arrabal. Al contrario, Arrabal nos revela de la forma m\u00e1s elefanti\u00e1sica las caracter\u00edsticas del alma espa\u00f1ola, que \u201ccorruptora del gusto\u201d para toda la Europa refinada de los siglos XIX y XX, jam\u00e1s padeci\u00f3, sin embargo, la enfermedad de la guillotina, la amputaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los dedos pulgares de las indias canadienses \u2014 senecas e iroqueses \u2014 para que no compitieran con la industrial textil inglesa, ni los campos de exterminio de los tan bien organizados y generosos germanos. En la oquedad del alma europea, un cad\u00e1ver puesto en pie, resuena como un eco bronco la obra inmortal de Fernando Arrabal, que mantiene indemnes los manes patrios anteriores a Westfalia. Es curioso que los habitantes de \u201cdestierrolandia\u201d ( la patria actual de Fernando Arrabal ) suelan tener mejor o\u00eddo para o\u00edr el rumor fre\u00e1tico del alma de la patria, de la historia del alma de la patria, de su linaje y prosapia. 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Nobel... chocolatization ...un autre arrabalesque... - Ceci n\u2019est pas un blog<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/laregledujeu.org\/arrabal\/2011\/11\/08\/2721\/el-imparcial-nobel-chocolatization-un-autre-arrabalesque\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"fr_FR\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"...El imparcial... 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Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem. El Arquitecto y el Emperador de Asiria representa el mayor varapalo que se ha dado en el teatro a la filosof\u00eda estrella, con ilusiones terap\u00e9uticas y de holismo antropol\u00f3gico, de aquella \u00e9poca en la que se estren\u00f3: el psicoan\u00e1lisis freudiano. El Laberinto, del que hablaremos un poco m\u00e1s por ser una pieza injustamente menos conocida, se desarrolla en un parque ( en gr. par\u00e1deisos, de donde viene la ed\u00e9nica voz del Para\u00edso, y aqu\u00ed, en esta pieza arrabaliana, estamos en otro jard\u00edn de los intermundia ) que forma un laberinto aleg\u00f3rico, inacabable, a trav\u00e9s de una incesante multiplicaci\u00f3n de inn\u00fameras mantas tendidas a secar que forman pasillos o corredores de kil\u00f3metros y kil\u00f3metros y que se mantienen colgadas sobre cadenas inveros\u00edmiles, dando el aspecto de otro \u00e1mbito m\u00e1s del infierno dantesco sin Virgilio. Dos hombres, a mitad del camino de la vida, Esteban y Bruno, que acaban de liberarse de unas esposas que los ten\u00edan atados por los pies, se encuentran perplejos ante su destino, un destino aparentemente incomprensible, al lado de un retrete del que un Bruno eternamente sediento intenta beber agua y en medio de una disparatada multiplicaci\u00f3n laber\u00edntica de mantas tendidas. El dios de este Reino es Justino, el padre de Micaela, quien aparentemente loca describe la l\u00f3gica abstrusa mediante la que gobierna su padre aquel mundo: \u201cYa le he dicho que mi padre lleva un orden riguroso en los asuntos a tratar. Esto en ocasiones le lleva a resolver problemas que a nosotros nos parecen banales, d\u00e1ndoles prioridad sobre otros que nosotros suponemos m\u00e1s transcendentales. Esto no obedece nada m\u00e1s que a la diferente escala de valores que tenemos nosotros en relaci\u00f3n con mi padre (\u2026) Mi padre tiene una escala de valores diferente y que da las preferencias siguiendo un sistema riguroso e impenetrable que a pesar de su absurdidad, en principio, resulta el mejor a la larga, como he podido comprobar miles de veces\u201d. Es evidente que Justino nos recuerda mucho a ese Dios que escribe derecho con renglones torcidos. Esteban pregunta aterrado c\u00f3mo salir de su destino vital ( el laberinto ), y Micaela, implacable, le responde: &#8211; Si no tiene much\u00edsima suerte, o bien la ayuda directa de mi padre, no cuente salir jam\u00e1s. Efectivamente, los hombres nos perdemos con frecuencia en esta vida en el laberinto de los malentendidos del padre. Pero aunque nacemos en unas circunstancias concretas ( el laberinto ), los hombres no estamos del todo determinados, mantenemos un espacio de libertad inabordable para los dem\u00e1s, y un buen n\u00famero de nuestras acciones son morales, porque son libres, aunque el uso de elecciones anteriores nos vaya autodeterminando y cerrando las alternativas. \u201cTiene dos posibilidades: o bien esperar su turno en el tribunal central \u2014 quiz\u00e1 tenga que esperar varios meses \u2014 o bien ser juzgado r\u00e1pidamente por el tribunal de urgencia que le tratar\u00e1 como le digo con un gran rigor, mucho m\u00e1s teniendo presente el asunto de sus esposas. D\u00edgame lo que prefiere.\u201d Aunque la obra tiene evidentes gui\u00f1os al Proceso, de Kafka, nuestro espa\u00f1ol\u00edsimo Fernando Arrabal se atreve a sacar conclusiones que al t\u00edmido solitario de Praga y delicad\u00edsimo convaleciente en los Montes Tatra no se le ocurri\u00f3. Todo hombre es consciente en la vida de que estar\u00e1 ante un insoslayable proceso de tipo legal. Todos nacemos con la hiperest\u00e9sica conciencia del pecado original en el alma, y el miedo de las consecuencias de nuestro pecado efectivo nos hace padecer una intolerable desconfianza hacia la justicia y la ley. Fernando Arrabal ha recreado aqu\u00ed de nuevo el Para\u00edso en donde el hombre, una vez m\u00e1s, miente al padre, una y otra vez, no reconociendo su pecado m\u00e1s definitorio, el pecado original, que fundamenta toda humanidad, hiriendo al hombre in aeternum. De nuevo nos encontramos ante un nuevo auto sacramental arrabalesco, el auto sacramental del pecado original, en donde los criados del padre son los celosos \u00e1ngeles que nos arrojan del Par\u00e1deisos: \u201cHay que tener en cuenta la extremada susceptibilidad del criado que s\u00f3lo tolera servir a los de la casa pero no a extra\u00f1os, lo cual es l\u00f3gico\u201d. Dice Micaela, trasunto sin duda del Arc\u00e1ngel San Miguel. Aunque Esteban, que personifica aqu\u00ed al g\u00e9nero humano por antonomasia, afirme que \u201cYo s\u00ed que me salvar\u00e9, soy inocente, no tengo ninguna falta\u201d, no para de mentir al disparatado juez de Dios, que, aunque disparatado por su porte, no le impide ser justo. En realidad, Arrabal nunca ha sido surrealista; su agud\u00edsimo dolor moral de tipo teol\u00f3gico y su infinito desprecio al psicoan\u00e1lisis que se nos revela atroz en una obra como El Arquitecto y el emperador de Asiria, impiden poder calificarlo as\u00ed. El surrealismo es un morbo g\u00e1lico que no ha padecido Arrabal. Al contrario, Arrabal nos revela de la forma m\u00e1s elefanti\u00e1sica las caracter\u00edsticas del alma espa\u00f1ola, que \u201ccorruptora del gusto\u201d para toda la Europa refinada de los siglos XIX y XX, jam\u00e1s padeci\u00f3, sin embargo, la enfermedad de la guillotina, la amputaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los dedos pulgares de las indias canadienses \u2014 senecas e iroqueses \u2014 para que no compitieran con la industrial textil inglesa, ni los campos de exterminio de los tan bien organizados y generosos germanos. En la oquedad del alma europea, un cad\u00e1ver puesto en pie, resuena como un eco bronco la obra inmortal de Fernando Arrabal, que mantiene indemnes los manes patrios anteriores a Westfalia. Es curioso que los habitantes de \u201cdestierrolandia\u201d ( la patria actual de Fernando Arrabal ) suelan tener mejor o\u00eddo para o\u00edr el rumor fre\u00e1tico del alma de la patria, de la historia del alma de la patria, de su linaje y prosapia. 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Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem. El Arquitecto y el Emperador de Asiria representa el mayor varapalo que se ha dado en el teatro a la filosof\u00eda estrella, con ilusiones terap\u00e9uticas y de holismo antropol\u00f3gico, de aquella \u00e9poca en la que se estren\u00f3: el psicoan\u00e1lisis freudiano. El Laberinto, del que hablaremos un poco m\u00e1s por ser una pieza injustamente menos conocida, se desarrolla en un parque ( en gr. par\u00e1deisos, de donde viene la ed\u00e9nica voz del Para\u00edso, y aqu\u00ed, en esta pieza arrabaliana, estamos en otro jard\u00edn de los intermundia ) que forma un laberinto aleg\u00f3rico, inacabable, a trav\u00e9s de una incesante multiplicaci\u00f3n de inn\u00fameras mantas tendidas a secar que forman pasillos o corredores de kil\u00f3metros y kil\u00f3metros y que se mantienen colgadas sobre cadenas inveros\u00edmiles, dando el aspecto de otro \u00e1mbito m\u00e1s del infierno dantesco sin Virgilio. Dos hombres, a mitad del camino de la vida, Esteban y Bruno, que acaban de liberarse de unas esposas que los ten\u00edan atados por los pies, se encuentran perplejos ante su destino, un destino aparentemente incomprensible, al lado de un retrete del que un Bruno eternamente sediento intenta beber agua y en medio de una disparatada multiplicaci\u00f3n laber\u00edntica de mantas tendidas. El dios de este Reino es Justino, el padre de Micaela, quien aparentemente loca describe la l\u00f3gica abstrusa mediante la que gobierna su padre aquel mundo: \u201cYa le he dicho que mi padre lleva un orden riguroso en los asuntos a tratar. Esto en ocasiones le lleva a resolver problemas que a nosotros nos parecen banales, d\u00e1ndoles prioridad sobre otros que nosotros suponemos m\u00e1s transcendentales. Esto no obedece nada m\u00e1s que a la diferente escala de valores que tenemos nosotros en relaci\u00f3n con mi padre (\u2026) Mi padre tiene una escala de valores diferente y que da las preferencias siguiendo un sistema riguroso e impenetrable que a pesar de su absurdidad, en principio, resulta el mejor a la larga, como he podido comprobar miles de veces\u201d. Es evidente que Justino nos recuerda mucho a ese Dios que escribe derecho con renglones torcidos. Esteban pregunta aterrado c\u00f3mo salir de su destino vital ( el laberinto ), y Micaela, implacable, le responde: &#8211; Si no tiene much\u00edsima suerte, o bien la ayuda directa de mi padre, no cuente salir jam\u00e1s. Efectivamente, los hombres nos perdemos con frecuencia en esta vida en el laberinto de los malentendidos del padre. Pero aunque nacemos en unas circunstancias concretas ( el laberinto ), los hombres no estamos del todo determinados, mantenemos un espacio de libertad inabordable para los dem\u00e1s, y un buen n\u00famero de nuestras acciones son morales, porque son libres, aunque el uso de elecciones anteriores nos vaya autodeterminando y cerrando las alternativas. \u201cTiene dos posibilidades: o bien esperar su turno en el tribunal central \u2014 quiz\u00e1 tenga que esperar varios meses \u2014 o bien ser juzgado r\u00e1pidamente por el tribunal de urgencia que le tratar\u00e1 como le digo con un gran rigor, mucho m\u00e1s teniendo presente el asunto de sus esposas. D\u00edgame lo que prefiere.\u201d Aunque la obra tiene evidentes gui\u00f1os al Proceso, de Kafka, nuestro espa\u00f1ol\u00edsimo Fernando Arrabal se atreve a sacar conclusiones que al t\u00edmido solitario de Praga y delicad\u00edsimo convaleciente en los Montes Tatra no se le ocurri\u00f3. Todo hombre es consciente en la vida de que estar\u00e1 ante un insoslayable proceso de tipo legal. Todos nacemos con la hiperest\u00e9sica conciencia del pecado original en el alma, y el miedo de las consecuencias de nuestro pecado efectivo nos hace padecer una intolerable desconfianza hacia la justicia y la ley. Fernando Arrabal ha recreado aqu\u00ed de nuevo el Para\u00edso en donde el hombre, una vez m\u00e1s, miente al padre, una y otra vez, no reconociendo su pecado m\u00e1s definitorio, el pecado original, que fundamenta toda humanidad, hiriendo al hombre in aeternum. De nuevo nos encontramos ante un nuevo auto sacramental arrabalesco, el auto sacramental del pecado original, en donde los criados del padre son los celosos \u00e1ngeles que nos arrojan del Par\u00e1deisos: \u201cHay que tener en cuenta la extremada susceptibilidad del criado que s\u00f3lo tolera servir a los de la casa pero no a extra\u00f1os, lo cual es l\u00f3gico\u201d. Dice Micaela, trasunto sin duda del Arc\u00e1ngel San Miguel. Aunque Esteban, que personifica aqu\u00ed al g\u00e9nero humano por antonomasia, afirme que \u201cYo s\u00ed que me salvar\u00e9, soy inocente, no tengo ninguna falta\u201d, no para de mentir al disparatado juez de Dios, que, aunque disparatado por su porte, no le impide ser justo. En realidad, Arrabal nunca ha sido surrealista; su agud\u00edsimo dolor moral de tipo teol\u00f3gico y su infinito desprecio al psicoan\u00e1lisis que se nos revela atroz en una obra como El Arquitecto y el emperador de Asiria, impiden poder calificarlo as\u00ed. El surrealismo es un morbo g\u00e1lico que no ha padecido Arrabal. Al contrario, Arrabal nos revela de la forma m\u00e1s elefanti\u00e1sica las caracter\u00edsticas del alma espa\u00f1ola, que \u201ccorruptora del gusto\u201d para toda la Europa refinada de los siglos XIX y XX, jam\u00e1s padeci\u00f3, sin embargo, la enfermedad de la guillotina, la amputaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los dedos pulgares de las indias canadienses \u2014 senecas e iroqueses \u2014 para que no compitieran con la industrial textil inglesa, ni los campos de exterminio de los tan bien organizados y generosos germanos. En la oquedad del alma europea, un cad\u00e1ver puesto en pie, resuena como un eco bronco la obra inmortal de Fernando Arrabal, que mantiene indemnes los manes patrios anteriores a Westfalia. Es curioso que los habitantes de \u201cdestierrolandia\u201d ( la patria actual de Fernando Arrabal ) suelan tener mejor o\u00eddo para o\u00edr el rumor fre\u00e1tico del alma de la patria, de la historia del alma de la patria, de su linaje y prosapia. 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