Défense d’Armando Verdiglione

(El honor de los poetas)

 

 

 

Mientras realizaba mi último película con Borges, que Verdiglione nos ofreció a ambos como un sontuoso regalo, un espontáneo le preguntó al escritor argentino. “¿Cómo se protege contra los editores?”. Jorge-Luis Borges respondió: “¡¿protegerme?! es un placer tan grande y tan inesperado que a uno le editen o le filmen; y encima le acoja, como aquí  un editor qujotesco”. Verdiglione nos permitió realizar el último film sobre su poesía. Que veinte años después solo cosecha triunfos y el último puesto en las taquillas.

 

A lo largo de mi vida, desgraciadamente, no he conocido a ningún mecenas en Italia salvo a Armando Verdiglione. Sobre todo me he relacionado con ajedrecistas y poetas.

 

 

… a lo largo de mi vida no he conocido a ningún poeta que viviera de su pluma . Como los invitados por Armando Verdiglione.

 

 

… a lo largo de mi vida no conocí a ningún poeta que hubiera podido figurar en un “palmarés”. Ni en la lista de personas más populares. Ni en la de los más acaudalados. Ni en la de los más célebres. Precisamente en la lista de personas “más influyentes” no vienen nunca poetas. Pero sí, casi todos los años Oprah Winfrey, Beyoncé, Jing-Jong-un, George Clooney o Lionel Messi. Ninguno de ellos venía a la villa de Armando Verdiglione. Pero la mayoría de los poetas que conocí estuvieron en casa de Armando Verdiglione.

 

…a lo largo de mi vida los más afortunados poetas que conocí no tenían colaborador. A lo sumo les ayudaba un íntimo que benévolamente, a lo “madre Teresa”, les ayudaba a subsistir . Salvo en la villa de Armando Verdiglione donde acudíamos a sus citas    rodeados de todas las atenciones

 

 

 

 

 

…a lo largo de mi vida no conocí a ningún poeta que no suspirara por conferencias. Salvo con Armando Verdiglione en cuya casa los poetas escribían redactaban y conferenciaban con pasión.

 

…a lo largo de mi vida la mayoría de los poetas que tuve o tengo la inmerecida suerte de conocer o de haber conocido viven o vivían en condiciones precarias. Durante sus últimos cincuenta años de vida el poeta André Breton (fundador y creador del surrealismo) vivía en un minúsculo “entre dos pisos”. No habitaba ni en un segundo ni en un tercer piso. Sino en una especie de cacho entre los dos. Al que algunos hoy llaman “estudio”. Cuando iba a verle tenía que adaptarme a su mesa. El mueble ocupaba hasta el borde todo el cuarto. En el Boulevard de Port-Royal Alfred Jarry tuvo otro “cacho”. El suyo. Tan similar. También entre un segundo y un tercer piso. Jarry lo bautizó “el calvario del fulminado”. Pero todos ellos fueron invitados generosamente. O hubieran podido serlo en la ágora de Armando Verdiglione.

 

…la mayoría murieron cubiertos de deudas. Para su gloria. Hoy sabemos (por recientes estudios médicos) que Alfred Jarry “murió de hambre”. Con Armando Verdiglione se nos trataba como a señores. Pasábamos días y meses en sus mejores lugares. Como nunca habíamos vivido.

 

… a lo largo de mi vida los poetas siempre tuvieron problemas con editores salvo con los libros de Armando Verdiglione en cuya editora se nos daba a elegir lo mejor.

 

… a lo largo de mi vida ninguno de mis amigos poetas se quejó de su situación. ¿Indigna? Al llegar a casa de Armando Verdiglione todos nos sentíamos ¡de vacaciones!

 

… a lo largo de mi vida los mejores poetas terminaron su vida perseguidos por ujieres.   O atosigados por impuestos microscópicos. Gracias a ello (o a pesar de ello) Alfred Jarry escribió “Gestos y opiniones del doctor Faustroll, patafísico”. Un libro ejemplar. Un monumento. Al revés junto a Armando Verdiglione toda comodidad tenía su asiento.

 

… a lo largo de mi vida los poetas que he conocido no se consideraban ni visionarios ni profetas. Estimaban, como sus antepasados griegos, ser “hacedores”. En la ‘academia’ de Armando Verdiglione, en sus parques y jardines nos sentíamos como los filósofos helenos.

 

… a lo largo de sus vidas los poetas adoptaron, con humor, escribir como quien entra en religión. Sin punto de apoyo. Reclinándose en el vacío. Con Armando Verdiglione nos reclinábamos entre semejantes con la consideración de todos

 

Conocí a Allen Ginsberg y Andy Warhol …durante la prehistoria. Es decir en 1959. Allen Ginsberg en cuanto me vio me invitó a su tabuco. Me recibió con su amante Pierre, el cual estaba desnudo y defecando. Ese año la Fundación Ford (Institute International of Education) nos había invitado a conocer USA. A seis “noveles europeos que un día llegarían a la celebridad”. A pesar de semejante pirueta del tohu-bohu (del caos) acertaron de forma cuasi mágica. Con Günter Grass para Alemania. Con Italo Calvino para Italia. Con Hugo Claus para Bélgica. Tomlinson para Inglaterra. Y tutti quanti. Solo fallaron con España: pues fui yo el elegido. Invisibles, aún hubiéramos sido más esfumados. Salvo en el jardín de Armando Verdiglione   donde todos fuimos invitados y rodeados de verdadera connivencia.

 

Sí; los poetas “vivos” solo lo son únicamente al ocultarse. Definitivamente. Salvo con Armando Verdiglione.

 

Marcel Duchamp en los Estados Unidos realizó “Etant donné”. Su gigantesco y decisivo proyecto. Entonces solo estaba en su cuaderno. Daba clases de francés para pagarse su chamizo en un hotel. En París Man Ray estaba mal protegido contra la lluvia. El trascendente sátrapa Simon Leys tuvo que emigrar a Australia. Y aún peor Magritte. O Giacometi. Solo con Armando Verdiglione éramos honrados por lo que hacíamos minoritariamente

 

Para morir Topor se ocultó en una portería. Ionesco pasó años en otra parecida. Beckett vivió medio siglo en la calle des Favorites en una « buhardilla para el servicio ». Como tantos de sus colegas hoy. Como aquel filósofo, que hasta su último día, compartió con Simone diez metros cuadrados. Qué fiesta era llegar a la villa Armando Verdiglione… donde se nos trataba a cuerpo de rey.

 

 

Una vez ocultados, inesperadamente después de tantas estrecheces , los poetas conocerán al fin la “gloria”. Como el único e irónico premio que reciben desde el limbo. Salvo con Armando Verdiglione en cuya casa éramos celebrados   como triunfadores.

 

Ninguna civilización fue capaz de desarrollar tal afluencia de evidencias. La confusión ¿es un programa para perpetuarse? Todos crecieron con el sudor de sus indisciplinas. A la vez aquí y al margen. Salvo en el parque de Armando Verdiglione donde podíamos ser indisciplinados sin sudar y sufrir por ello.

 

¿Como hemos podido vivir todos estos años con   Verdiglione perseguido, incapacitado de festejarnos como hacia día y noche y tan altruistamene?

 

Por eso cuando este protector de poetas estuvo encerrado en la cárcel pedí al Presidente de la República Italiana durante mi visita a su celda canjearme contra el encalabozado: Armando Verdiglione, este hombre al que tanto debe la mejor poesía del mundo. Cosa que pedí por el honor de los poetas. Como hoy la reclamo.